¿Estamos en un proceso constituyente?
Sí, el proceso constituyente se ha abierto en el Perú. Hoy atravesamos un momento de crisis profunda, un momento destituyente en el que la ciudadanía no solo no confía en sus supuestos “representantes” sino que cada vez confía menos en las propias instituciones. Hay rechazo, pero también indiferencia respecto de la política en general. Aún no se avizora con claridad una alternativa política ni un sujeto constituyente consolidado debido, en gran medida, a la brutal represión y criminalización por parte de la coalición mafiosa a quienes se manifiestan contra su régimen y demandan cambios.
En ese contexto, como hemos señalado, la coalición mafiosa ha ido implementando su propio “proceso constituyente” autoritario para perpetuar su poder, asegurar su impunidad y sus negociazos. Ha modificado más de 65 artículos de la Constitución, además de haber hecho otros cambios a la Constitución sin haber cambiado el texto, pero sí el marco legal e incluso, a veces, directamente las reglas de juego en la práctica.
Sin embargo, también se ha abierto un proceso constituyente popular y democrático, “desde abajo”, que se fue expresando poco a poco en los sucesivos procesos electorales con una demanda de cambios profundos e incluso expresamente de una nueva constitución de parte de un sector cada vez más grande de la población.
El estallido social de diciembre 2022-marzo 2023 también tuvo como motor la demanda de una nueva constitución, un nuevo pacto social, y logró forzar a que el Congreso debatiera la posibilidad de la convocatoria a una Asamblea Constituyente junto al adelanto de elecciones. Aunque ambas posibilidades finalmente fueron rechazadas por el Congreso, la demanda ciudadana de un nuevo pacto social sique vigente y cada vez más personas toman conciencia de que las actuales reglas de juego no dan más. Al mismo tiempo, importantes sectores de la población –campesinos, indígenas, populares- que solían estar invisibilizados han alzado con fuerza su voz, reivindicando su historia y su identidad tantas veces negadas. Este es un cambio cultural profundo que abre grandes posibilidades de construcción de un sujeto constituyente, siempre y cuando seamos capaces de dialogar, articular y sumar fuerzas, y crear un momento constituyente en el que no solo nos una la frustración, la rabia o el miedo sino sobre todo la esperanza y la propuesta de un nuevo pacto social.